El Ourense despide la liga con un acto de buen gusto que confirma el punto final a su letargo. Es un adiós en posición de saludo al campeonato que le envía al bombo de los terceros clasificados. El Alondras opuso poca resistencia. Sin apenas pestañear tenía dos goles a cuestas y cuando tentó la reacción se encontró sin plan de ataque para inquietar a Berto.
El entrenador del Ourense compensó las siete vacantes con jugadores del filial y, para las que no tenía recambios específicos, exprimió la versatilidad de Seoane, que se trasladó al lateral izquierdo, y de Breogán, al que le correspondió el ataque por el flanco derecho. La aportación que merece ser recordada es la de los dos goles que marcó en el primer cuarto de hora de juego.
El pequeño de los Pereiro destapó su reverso de cazarrecompensas del área en el último partido del campeonato. Primero envió a la red un rechace del portero Marcos a una falta desde la frontal de su hermano Moisés. Cuatro minutos más tarde metió el pie a un servicio desde la izquierda de Roberto Dacosta, que se deshizo con un quiebro en la esquina del campo de dos vigilantes.
Catorce segundos había tardado el Ourense en rematar. El partido nació en el área del Alondras y los dos goles fueron la consecuencia lógica de la inclinación del campo hacia los dominios de Marcos, el sustituto ayer de Nando.
Apenas hubo ocasión de constatar las virtudes del fútbol de uno de los escasos equipos de vocación constructiva del campeonato. La concepción valiente del técnico del Alondras, condicionada por bajas sensibles en todas las líneas, se desdibujó ante el Ourense más asociativo y vertical del último mes.
Varios tonos más de intensidad y de interés por la proximidad de la promoción marcaron la diferencia. José Arenas, ayer en el papel de "nueve", tuvo el tercero en un centro de Jaime otra vez desde la izquierda.
Berto se empapó de sopor hasta que Xosé, el timonel alondrista, le puso a prueba en un libre directo envenenado. El portero de Ribadavia lo capturó al vuelo cuando el partido se había quedado dormido.
El portero del Alondras se ganó el primer susto del segundo acto al no controlar una cesión del lateral. Reaccionó con agilidad para evitar que Arenas se le adelantase. El árbitro se cobró el libre indirecto en la base de la corona del área y Dacosta lo envió cerca del mismo poste. Un minuto después calcó el remate.
El Alondras quiso ser más agresivo. Su entrenador recurrió a Andrés y Leiro para impulsar la reacción. El partido se acercó por un momento a Berto pero sin asomo de sustos porque pocos equipos han exhibido menos pegada en O Couto. El Ourense le arrebató el control del juego al rival con una administración edificante de la pelota. El primeros de los cambios del Ourense, Unai, cerró la cuenta.
Fuente:Faro de Vigo.