C.D. OURENSE, 1: Berto, Josu, Seoane (Rafa, min. 76), Portela, Adrián, Antonio, Sanginés (Dacosta, min. 66), Moisés, Martín, Breogán (Oli, min. 83) y José Arenas.
MONTAÑEROS, 1: Manuel, Dani, Raúl, Miguel, Rochela, Madrigal (Héctor, min. 68), Olaiz (Pesco, min. 73), Rodri, Rivera, Pablo Fernández (Luis Ángel, min. 82) y Añón.
ÁRBITRO: Pérez Pallas (Vigo).
GOLES: 01, min. 29, Olaiz; 1-1, min. 50, Breogán.
INCIDENCIAS: Estadio de O Couto, 900 espectadores.
El Ourense encontró la herramienta para medir sus fuerzas. Si revisa el partido de ayer contra el Montañeros se ahorrará sorpresas cuando la liga se ponga seria. El Montañeros está muy por encima de la media y exigió lo mejor de los de Romero para salvar la etiqueta de invicto que cuelga sobre el estadio ourensano con la primera vuelta prácticamente despachada. Lo mejor de un empate que no es malo es la sensación de que se pudo ganar. Y si además se toma nota de inquietantes deslices defensivos y de la necesidad de mantener la cabeza fría cuando el partido entra en ebullición se podrá dar por bueno el empate contra un adversario de talla.
El Ourense pudo rescatar el once tipo de inicio de temporada para disputar el penúltimo partido de la primera vuelta. Tras cinco jornadas apartados de los terrenos de juego, Moisés y Breogán Pereiro regresaron para sostener el triángulo que gestiona el fútbol rojillo. Arenas pudo seguir en la banda izquierda, aunque fue el carril derecho el que más tránsito tuvo. Sanginés participó en las primeras llegadas con peligro del Ourense escoltado por Josu. Los de Romero volvieron más enteros que su rival del parón vacacional. Se adueñaron del partido ante un Montañeros que esperó su turno de réplica al contragolpe, agazapado a la espera de alguna concesión local. En un robo sobre Seoane se abrió el paréntesis en el monólogo rojillo. El contragolpe acabó en córner y en la segunda jugada José Arenas pisó a Añón en el área y se reclamó pena máxima.
El aviso fue premonitorio y dio el telonazo al dominio estéril del Ourense. Apenas siete minutos después del primer sobresalto, Pérez Pallas se cobró una pena máxima por un agarrón de Portela a Rubén Rivera. Olaiz marcó el tercero de los goles que ha encajado Berto en los últimos nueve partidos, todos desde los once metros.
El Montañeros todavía cursó una reclamación más por mano de Adrián en una indecisión con el portero ourensano. Tras el gol visitante hubo más tensión que fútbol y los coruñeses se crecieron ante un Ourense enrabietado que perdió el sitio y la brújula hacia el área de Manuel.
Fue un pulso viril entre el segundo y el tercero sin nada que ver con el partido que anunciaba el cruce entre dos conjuntos que argumentan su fútbol con la administración de la pelota. El equipo de José Ramón se manejó con sangre fría en el desgobierno, se adueñó del tiempo e incluso dispuso de un peligroso contragolpe lanzado por Pablo Fernández que resolvió Madrigal con indulgencia.
El desenlace de la primera parte dejó malos augurios, pero el Ourense sólo necesitó cuatro minutos de la reanudación para hacer el empate. Se lo debe a otro ejercicio de insistencia de Martín. El de Ribadavia le ganó la pelota a Rochela y su servicio al área lo remató primero Sanginés y, en segunda instancia, Breogán lo envió a la red.
El Ourense volvió en sí y el Montañeros se olvidó hasta de protestar. Hubo un amago de remontada abortado por el asistente al señalar un fuera de juego de Breogán en el rechace del portero a un disparo exterior de Sanginés. Fue un partido difícil de arbitrar.
El Montañeros no renunció a crear problemas a una defensa que en ocasiones fue poco expeditiva. Berto atajó el pase envenenado de Pablo Fernández en una de las incursiones de los coruñeses. El capitán del Montañeros fue el primer sacrificado por el técnico visitante, que refrescó las mediapuntas para sacar provecho de los amplios espacios que dejaban los locales.
Rivera también se encontró con Berto en la enésima grieta que encontraron los visitantes cuando el partido se debatía sin tránsito por la medular. Viajaba de área a área y Romero recurrió a Roberto Dacosta para dar pausa al fútbol y optimizar las transiciones. El Ourense recuperó la combinación y volvió a llegar al área de Manuel. El portero fue el que hizo más por el Montañeros para salvar el empate al desviar un cabezazo de Martín en la acción más elaborada de los rojillos. También se inició en Dacosta el balón que tuvo Arenas para romper su vigilia de cuatro partidos. El portero lo frenó y se encargó de recordar que con el empate estaba todo dicho.
Fuente:Faro de Vigo.