OURENSE:Manu Taranilla; Josu, Rives, Aloisio, Portela; Yebra; Álvaro, Lozano (Juan Estévez, minuto 57), Anxo (Martín, minuto 86), Jaime Noguerol, Jaime Moreno (David, minuto 76).
ALCORCÓN:Raúl, Tito (Martín, minuto 52), Barral, Pablo (Nevado, minuto 37), Rodiel, Víctor Blanco, Íñigo López, Alcalá, Carlos Pérez, Carreño, Gonzalo Rico (Sebas, minuto 53).
GOL: 1-0, Minuto 6: Víctor Blanco, en propia meta.
ÁRBITRO: Jesús Rodríguez Cayetano, del colegio castellano leonés. Amonestó a Josu, Portela y Juan Estévez, por los locales, y a Víctor Blanco y Gonzalo Rico, por los visitantes.
INCIDENCIAS: Campo de O Couto. Unos 1.800 espectadores, que despidió a su equipo con aplausos pese al descenso de categoría.
El Ourense se hundió entre la incredulidad. Tanto tiempo sobre la cuerda floja crea inmunidad al vértigo. En O Couto se profesó fe ciega a todo el santoral cada último domingo de liga desde hace tres años. Fue un pernicioso ejercicio de autodestrucción que ha transformado a un ilustre en un fijo de los purgatorios. Dos veces sonó la flauta, pero vivir del favor del enemigo tiene sus riesgos. El Ourense era el equipo de las siete vidas y ayer las agotó las que le quedaban de una tacada. Dos años viviendo peligrosamente acaban en desastre. El triple empate a 46 puntos con Marino y Villa de Santa Brígida condena a los rojillos porque sólo se arrancaron tres puntos en los seis enfrentamientos contra asturianos y canarios. El Ourense se derrumba a Tercera División. Más incertidumbre para el futuro de una entidad en crisis perpetua.
El brutal impacto aturdió a propios y extraños. Gol en propia puerta del Raqui San Isidro a cinco minutos para el final de su partido contra el Villa de Santa Brígida, el equipo que discutía a los ourensanos la permanencia en Segunda División B. Caras largas en la tensa espera hacia el desenlace fatal. Y silencio. Era una final a doble partido con 2.000 kilómetros por el medio, pero la información fluyó puntualmente. Explotó O Couto con el primer gol en propia puerta de la tarde. Recuperación de Anxo Mato, cabalgada de Álvaro y remate involuntario a gol de Víctor Blanco. El primer partido estaba encarrilado a los seis minutos y el segundo también se puso de cara muy pronto. Diez minutos tardó el San Isidro en demostrar que iba en serio a pesar de que para los tinerfeños el partido no contaba. La carambola perfecta era un hecho. Pero quedaba mucho trecho por remar.
El fútbol enmudeció con la tensión. El Ourense estuvo más pendiente de los móviles que del Alcorcón. Taranilla y el larguero evitaron que el drama se agudizase, aunque los madrileños nunca dieron señales de estar incentivados desde el exterior. Los de Romero riñeron con el reloj. Tembleque en todas sus líneas, facilidades atrás y llegadas sin veneno. En la línea de toda la temporada, pero no importaba demasiado. El pulso era contra el cronómetro y contra la inquietud por una heroicidad del Villa de Santa Brígida.
El primer zarpazo llegó en el túnel de vestuarios. Ni había comenzado la segunda parte en O Couto cuando el Villa de Santa Brígida empató en La Palmera. Un vigués, Gustavo Souto, encendió la alarma rojilla.
Quedaba un gol de margen porque el Alcorcón ya ni inquietaba a Taranilla. Toda la atención se dirigió al derbi canario. El reto de prolongar la agonía hasta la promoción de permanencia había pasado del imposible al muy difícil y volvía a complicarse. El San Isidro se quedó con diez jugadores (sufrió la segunda expulsión en el minuto 90) pero resistió.
Se mantuvo en pie hasta las 19.41 horas de un 18 de mayo de 2008 fatídico. Alimento para la historia negra del Ourense. Gol en propia puerta de Álex Castro tras un barullo en el área. Crueldades del fútbol. La conmoción gobernó lo que quedaba de tarde. Abatimiento, procesión de caras largas y miradas perdidas. Sólo quedaba margen para el tercer milagro, pero las plegarias no fueron mano de santo.
Fuente:Faro de Vigo.