Los milagros están cada vez más caros. En el interior del optimismo rojillo podía aparecer una luz tenue de esperanza para dar la sorpresa en Pasarón, pero tal cóoo están las cosas, las posibilidades eran mínimas. Decía Antonio Dacosta en vísperas del partido que uno de los secretos para poder sosprender al equipo de Argibay era la presión agobiante y aguantar el balón en la medular cuando Sanromán o Padín conectasen con él. Tam bién decía que la seguridad defensiva era fundamental. Nada del guión se interpretó bien.
Los que de verdad presionaron fueron los granates, ahogando a los rojillos en la medular y en el área, provocando que perdiesen balones y dejando algún que otro boquete en el carril izquierdo y en el centro de la defensa. Fue llegar el primer balón al área de Moncho, conectar un zurdazo el espectacular Igor y fusilar la portería ourensana, que sufre de tembleque desde inicio de Liga.
Se cierra el partido
Cuesta arriba. Mucho más cuando el reloj caminaba por el minuto 23. Balón colgado sobre el área y otra vez Igor, ahora con la cabeza, cerraba el partido ante las débiles manos de Moncho. A remar río arriba. Y cierto es que los ourensanos dieron otra imagen en la segunda mitad, pero sólo de maquillaje. Empezaron a tocar el balón, a tenerlo más tiempo, a repasar la pelota hasta la saciedad, mientras el por tero Bonis se aburría como una ostra en su área ya que el dominio era simplemente de fogueo. Faltaba verticalidad. Lo reconocían los propios protagonistas al final: “Podíamos haber estado jugando hasta mañana que no habríamos marcado un solo gol". Pues eso, que así muy mal.
FUENTE: La Región